¡La Diputación descubre que el Guadalhorce existe y para celebrarlo ficha a los urbanistas más internacionales del planeta!

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La institución provincial y la Fundación Metrópoli firman este 19 de octubre un protocolo para recuperar los corredores ecológicos del valle, mejorar los equipamientos de sus municipios y atraer talento e inversión al entorno de Málaga TechPark.

Aviso para navegantes: esto no es un sueño ni una promesa electoral. Este lunes 19 de octubre, con testigos y todo, la Diputación de Málaga ha firmado un protocolo de colaboración con la Fundación Metrópoli —sí, esa que lleva décadas asesorando ciudades de medio mundo sobre cómo no arruinar su propio territorio— para poner al Valle del Guadalhorce en el centro del mapa. Que ya tocaba.

El acuerdo tiene dos frentes bien diferenciados. El primero apunta directo al corazón de la comarca: recuperar los corredores ecológicos que unen los municipios del valle, proteger los paisajes agrícolas y forestales que hacen que esto parezca un cuadro de Sorolla y no un polígono industrial, y mejorar los equipamientos públicos, las zonas recreativas y deportivas y los servicios de proximidad. En román paladino: que los pueblos del Guadalhorce tengan las mismas cosas que tiene el resto de la provincia. ¡Revelación!

El PTA también quiere su trozo del pastel

El segundo frente apunta hacia Málaga TechPark y su entorno. La idea es atraer talento e inversión, desarrollar actividades logísticas, residenciales y de ocio, y vincular el parque tecnológico con el territorio que tiene alrededor, que no es Marte sino los pueblos del Guadalhorce de toda la vida. La Fundación Metrópoli, con su mochila cargada de experiencia en investigación, planificación territorial e innovación urbana internacional, será la encargada de identificar y definir los proyectos estratégicos concretos. El convenio incluye además intercambio de conocimiento, actividades de formación y fomento de la colaboración entre administraciones, empresas e inversores.

¿Y cuándo empezamos?

Lo que queda por ver —y aquí la retranca malagueña no podía faltar— es si este protocolo de intenciones firmado este 19 de octubre acaba en actuaciones reales con financiación y plazos concretos, o se convierte en otro documento precioso que duerme en un cajón con vistas al río. Los pueblos del Guadalhorce llevan esperando décadas: que al menos esta vez el sueño tenga fecha en el calendario y no solo en el papel de la firma.

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