¡El Guadalhorce también tiene su Pompeya y esta semana los arqueólogos van a por ella!
Casi un centenar de expertos de tres países arrancan el lunes 24 de agosto la última campaña de excavaciones en el Cerro del Villar, la ciudad fenicia de la desembocadura del Guadalhorce, uno de los yacimientos más conservados del Mediterráneo occidental.
Si te creías que el Guadalhorce era solo naranja, aguacate y algún que otro atasco en la A-357, prepárate para que se te caigan los mitos: ahí mismo, donde el río le mete los pies en el mar por el barrio de Churriana, hay enterrada una ciudad fenicia de 2.800 años que este lunes 24 de agosto vuelve a ser el centro del mundo arqueológico.
La Universidad de Málaga arranca esta semana la quinta —y según los organizadores, última— campaña de excavaciones en el Cerro del Villar, el yacimiento fenicio de la desembocadura del río Guadalhorce. No es una ruina cualquiera: los expertos lo consideran uno de los asentamientos fenicios arcaicos mejor conservados de todo el Mediterráneo occidental. El mismo río que riega los huertos de Coín y Álora lleva tres milenios pasando por encima de esta historia.
Un equipazo de película
Los trabajos, financiados por la Junta de Andalucía, los dirige José Suárez, catedrático de Prehistoria del Departamento de Ciencias Históricas de la UMA. Y no viene solo: lo acompaña un equipo internacional de casi un centenar de especialistas, estudiantes y voluntarios, con colaboración de universidades andaluzas y centros de investigación de Estados Unidos y Alemania. La campaña se extenderá hasta el 18 de septiembre de 2026.
¿Qué buscan exactamente?
Esta última campaña se centrará en los sectores 11, 13 y 14 del yacimiento, con el objetivo de documentar los niveles fundacionales del siglo VIII antes de Cristo, cuando los primeros fenicios llegaron al antiguo islote de la boca del Guadalhorce y decidieron —en fenicio, eso sí— que aquello era el lugar perfecto para montar ciudad. Campañas anteriores ya habían sacado a la luz ánforas, una cabeza femenina de terracota, un empedrado de guijarros y conchas y hasta un horno alfarero.
La hipótesis más emocionante sobre la mesa: un posible entramado urbano aterrazado, una especie de diseño de ciudad en escalones que los arqueólogos esperan confirmar. También estudiarán el impacto de una factoría romana que, siglos después, vino a instalarse encima y dejó su huella —y algunos destrozos— sobre lo que quedaba de la ciudad fenicia.
Así que mientras el verano del Guadalhorce se cierra con sus últimas ferias y sus piscinas, en la desembocadura del río más nuestro hay gente de tres países removiendo tierra para contarnos de dónde venimos. Difícil encontrarle un final de temporada más épico a la comarca.